Un aula puede llegar a convertirse en un lugar bastante hostil si alguien se equivoca. Seguro que todos podemos evocar una imagen de un compañero de clase, o nosotros mismos, cometiendo un error y recibiendo como consecuencia carcajadas e incluso algún comentario fuera de lugar por parte de un profesor. Castigar los errores es algo que siempre hemos dado por sentado.

La consecuencia lógica de estas situaciones es que la próxima vez ese alumno no se atreve a contestar. Prefiere simplemente permanecer en silencio, tomar apuntes, o incluso desconectar por completo de la clase. Además, un comentario desafortunado o la presión de grupo pueden dañar gravemente la autoestima del alumno. Un solo error trae consigo todas estas consecuencias negativas. Por eso es necesario dejar de castigar los errores de tus alumnos y comenzar a usarlos para aprender. Hoy queremos enseñarte cómo.

1. Equivocarse es una de las mejores maneras de aprender

Los últimos estudios de psicología cognitiva apuntan a que equivocarse es crucial en el aprendizaje. Fuera del ámbito académico, cada vez que cometemos un error, nuestro cerebro es capaz de recoger información sobre la situación y crear una nueva estrategia para el siguiente intento. Este mismo proceso es el que queremos desarrollar en la clase.

Debes dejar de castigar los errores y animar a los alumnos a experimentar. Gracias a esa experimentación serán capaces de cambiar el punto de vista y encontrar la respuesta. Además, de esta manera se crea una valiosa habilidad de resolución de problemas que les será útil para siempre.

2. Tú también puedes aprender de los errores de tus estudiantes

Dónde y cómo se equivocan los alumnos te ofrece información valiosísima que debes aprovechar. Si observas sus errores, sabrás qué parte de la materia no ha quedado clara, qué explicación es necesario repetir o qué metodología funciona mejor que otra. Pero si no dejas de castigar los errores de tus alumnos, tú mismo seguirás cometiendo los tuyos, poniendo cada vez más trabas al proceso de aprendizaje.

3. Trabaja la autoestima

La autoestima es un ámbito que consideramos perteneciente al hogar y a la familia. Quizás por eso lo trabajamos muy poco en las aulas. Pero ninguna persona es capaz de desarrollarse adecuadamente sin una autoestima sana. Por eso resulta tan vital trabajarla y ayudar a los alumnos a construir la suya.

Dejar de castigar los errores de tus alumnos es un gran paso para mejorar su autoestima. Transmíteles que tu clase es un lugar seguro. Es un lugar en el que se pueden decir las cosas que pensamos, aunque sean descabelladas, sin ser juzgados. Crea un clima de confianza y serán los propios alumnos los que aprendan a corregirse a sí mismos hasta dar con la respuesta correcta.

Esperamos que nuestros consejos te ayuden a cambiar tu enfoque hacia los errores en el aula. Ahora es tu turno. Cuéntanos en un comentario por qué crees que se deben castigar los errores de los alumnos o por qué es mejor no hacerlo. ¡Esperamos tu opinión!

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