Como padres o profesores en muchas ocasiones nos sentimos tentados a criticar a los alumnos. Lo hacemos con la mejor de las intenciones. Queremos que crezcan, que sean mejores y que tengan éxito en la vida. Pero la crítica no siempre es la mejor manera de conseguirlo. De hecho, es posible que criticar sea una de las peores cosas que podemos hacer por ellos. En este sentido podemos aprender una valiosa lección de los Seattle Seahawks, un equipo de fútbol americano muy particular.

Los alumnos y los deportistas de élite

Los Seattle Seahawks se diferencian del resto de sus competidores por poner en práctica métodos diferentes a la hora de entrenar, y obtener resultados positivos. Su entrenador, Pete Caroll, cuenta que ha cambiado por completo su perspectiva a la hora de dirigirse a los jugadores.

Es hora de dejar de criticar a los alumnos

En lugar de gritarles en la cara lo que hacían mal, el entrenador decidió que era más eficiente pasar directamente a la fase de decir lo que tenían que mejorar. Caroll opina que en un ambiente tan exigente como el deporte de élite no hay tiempo que perder. La crítica por sí misma no aporta nada. Dar un consejo, mostrar cómo se hace algo, o simplemente explicar lo que queremos que haga la otra persona hace que el proceso avance rápida y efectivamente.

Las funestas consecuencias de las críticas

Pero las críticas no son solamente poco eficientes en cuanto a tiempo y trabajo hecho. Los elementos negativos con los que nos topamos en nuestras vidas tienden a dejar una marca más profunda y duradera que los positivos. Es decir, una crítica se quedará en la cabeza del futbolista, o del alumno, durante un periodo mucho más largo que un elogio. Esto se traduce en que la persona criticada tenderá a dar vueltas a lo sucedido y se distraerá. Las críticas demasiado fuertes o continuadas además pueden provocar inestabilidad emocional y trastornos como la ansiedad o la depresión.

La crítica también es mala para el criticón

Para poder criticar a los alumnos necesitamos centrarnos en sus personas. Estar atentos a sus acciones, a sus palabras y a sus actitudes. Esto requiere un gasto de tiempo y energía enorme que podríamos poner a trabajar en algo más productivo. Pero el problema más grande de las críticas es que no cambian nada. No ayudan a que la situación avance. Esto se traduce en insatisfacción y resentimiento, tanto para el que critica, como para el alumno criticado. La frustración y el malestar cierran el círculo de negatividad que hemos creado, haciendo que los días sean largos y desagradables.

Es hora de dejar de criticar a los alumnos

¿Cuándo y cómo criticar?

Con lo anteriormente dicho puede parecer que a partir de este momento está prohibido decirle a nadie que hace nada mal. Nada más lejos de la realidad. Para crear la educación del futuro lo importante es saber cómo y cuándo criticar a los alumnos.

Las críticas deben reducirse a casos muy puntuales en los que realmente podamos aportar algo. Además, la crítica debe ser constructiva. Es decir, debe ir acompañada de un consejo, un conocimiento, una muestra o cualquier cosa que permita avanzar al alumno en sus esfuerzos.

También es crucial criticar el trabajo o la actividad que realiza el alumno, y no su persona. Así evitaremos las consecuencias negativas de las que hemos hablado. Podemos decirle que una actividad es incorrecta o que una acción es dañina, pero no podemos darle a entender que vale menos como persona por realizar esa actividad o acción. Solo así seremos capaces de crear un clima adecuado en el aula, motivar a los nativos digitales y dar pie a trabajar en equipo y a adquirir los conocimientos y aptitudes que queremos transmitirles.

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