El aprendizaje es personal e intransferible. El papel del profesor es el de guiar y prestar ayuda con los deberes y otros elementos de la enseñanza.

Las escuelas y aulas del futuro ya no deben entenderse como un lugar de enseñanza, sino como un lugar de aprendizaje. El paradigma educativo está cambiando y todos debemos aprender a sacar el máximo partido al cambio. Cada vez más es el propio alumno el que toma las riendas de su proceso educativo. El profesor ya no desempeña el papel principal en la obra de la educación. Ya no es el sabio omnisciente que ordena y manda deberes. Ahora cada alumno se convierte en protagonista y crea su propio ritmo de aprendizaje.

Este cambio es importante porque es el momento de liberarnos de algunas cargas tradicionales de nuestro sistema educativo basado en la exposición. Esa dinámica en la que el profesor expone y los alumnos toman notas propicia que la inactividad por parte de los estudiantes. Es más, da la sensación de ser poco útil en el proceso. Parece que el único objetivo de asistir a clase es memorizar datos que después se escriben en el examen.

Probablemente como respuesta a esta inactividad se mandan los deberes. La base es que con lo escuchado en clase cada alumno puede realizar una serie de actividades por su cuenta para asentar los conocimientos. Pero este planteamiento tiene varias pegas importantes.

Mandar deberes en cantidades industriales no parece ofrecer ningún resultado positivo.

¿Hacer los deberes en clase? Sí, con la Clase Invertida.La primera es que los deberes llevan tanto tiempo a los alumnos que producen más estrés, frustración y ansiedad que resultados educativos comprobables. Por otra parte, esta realización de actividades a posteriori puede dar lugar a dos situaciones diferentes. La primera es la realización de ejercicios mecánicos y repetitivos que no aportan nada. Y la segunda es el planteamiento de problemas y cuestiones que sí estimulan el aprendizaje, pero que resultan demasiado complejos para ser resueltos de manera individual, sin el apoyo del profesor y el resto del grupo. Como solución a esta segunda situación aparece el método de la Clase Invertida o Flipped Classroom.

Con este método el aprendizaje se realiza en casa de manera individual, personal e intransferible. Los conocimientos se adquieren a través del material que el profesor pone a disposición de los alumnos. Ese material puede ser un texto, un vídeo, un podcast, o incluso un videojuego. Los debes se hacen en clase, con el profesor y el grupo para debatir, preguntar, ayudar y recibir ayuda. De esta manera el proceso de aprendizaje es flexible y de adapta al progreso de cada alumno.

Como resultado, el alumno comprende el propósito de ir a clase, que se convierte en el lugar donde preguntar dudas o plantear nuevas ideas que pueden aparecer mientras se trabaja el material educativo. Esto repercute en una motivación más alta y, por tanto, mayor eficiencia del proceso de aprendizaje. Además, comienza a apreciarse el verdadero valor del profesor. Ese valor consiste en aportar lo que no se puede obtener leyendo un libro o mirando un vídeo.

Ahora es tu turno. Queremos conocer tu opinión sobre la Clase Invertida. ¿Pones en práctica este método en tu aula? ¿Conoces algún método alternativo que propicie un proceso de aprendizaje útil y eficiente? Deja un comentario con tu experiencia.

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